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Mariana Verón, musa en el carnaval de Río

La bailarina profesional de samba no pé está al frente de un bloque de bailarines en el carnaval de Río de Janeiro. Con el rol de musa, llena de orgullo a los misioneros

Mariana Verón, musa en el carnaval de Río

La bailarina profesional de samba no pé está al frente de un bloque de bailarines en el carnaval de Río de Janeiro. Con el rol de musa, llena de orgullo a los misioneros

El brillo no empieza en la avenida, empieza mucho antes. Empieza en el espejo, en las manos que ajustan el tocado, en los pies que repasan el paso una y otra vez aunque el cuerpo ya lo sabe de memoria. Afuera hay murmullo de tambores. Adentro, Mariana Verón respira hondo. En minutos va a salir al frente de un ala en el carnaval de Río de Janeiro, uno de los escenarios más exigentes del mundo. No va como una bailarina más: esta vez, va como musa.

Este año, Mariana cubrió el lugar de su mentora, quien no pudo viajar por compromisos en los carnavales provinciales de Corrientes. “En mi caso, yo estoy cubriendo el lugar de Gabriela Ceballos Bertero. Ella lleva un grupo de bailarines de Argentina y otros países, formamos el Ala de Pasistas Internacional”. Para quienes no están familiarizados con la estructura del carnaval brasileño, cada escuela de samba —las grandes agrupaciones que desfilan en el sambódromo— se organiza en “alas”, es decir, bloques temáticos de bailarines que representan una parte del desfile. Al frente de cada ala suele ir una figura femenina destacada: la musa. No es un lugar menor ni decorativo. Es conducción, presencia y responsabilidad.

“Musa son las chicas que van al frente de las alas. Es un cargo difícil de acceder, generalmente designan musas a las chicas de las comunidades de las scolas de samba o a personalidades famosas”, explicó Mariana a El Territorio.

Hoy le toca ocupar ese lugar en el Ala de Pasistas Internacional de la scola de samba Unidos do Porto da Pedra. No fue casualidad. Tampoco improvisación.

De Misiones al Sambódromo

Mariana llegó al carnaval carioca en 2019, cuando audicionó para integrar el ala oficial de pasistas de Porto da Pedra. “Inicié en el 2019 haciendo una audición para formar parte del ala de pasistas oficial, también de Porto da Pedra, junto a Adrián Barreto, otro bailarín misionero, y fuimos seleccionados. Así que en el año 2020 fue mi primera vez desfilando en el carnaval de Río de Janeiro”.

Pero su vínculo con la cultura brasileña empezó mucho antes. “Mi primer contacto con la danza y cultura brasilera fue hace 14 años en el Ballet Afro Samba del profesor Claudio Benítez”, recuerda. Desde entonces, el samba dejó de ser una curiosidad artística para convertirse en un proyecto de vida.

A Gabriela Ceballos la conoció en un workshop organizado por ese mismo profesor. Después de vivir la experiencia en Río, decidió ir más allá. “Al volver de Río en el 2020 me di cuenta de que quería aprender más y vivir a pleno esta cultura… Así que fue por eso que inicié el profesorado de Samba en la academia Internacional Samba Wings de la profesora Gabriela Ceballos”.

La presión y el orgullo

Ser musa no es sólo bailar adelante. Es representar un nombre, una trayectoria y a todo un equipo detrás.

“Todavía no caigo en lo maravillosa que fue la experiencia. No sólo la felicidad de haber cumplido el sueño de toda pasista, sino de representar el trabajo y nombre de Gabriela… Una presión y a la vez un orgullo inimaginable”, confesó. Y agregó: “Estaré siempre agradecida a ella por las oportunidades que genera para todos los que amamos este carnaval, que podamos estar acá cumpliendo ese sueño”.

El carnaval de Río no admite improvisaciones. Cada paso está ensayado, cada gesto medido. La directora marca la coreografía meses antes y el grupo trabaja de manera constante. Desde Misiones, Mariana se prepara con su espacio Bora Sambar. “Venimos teniendo clases durante todo el año y nos preparamos de forma intensiva para venir acá, ensayando la coreografía marcada”.

Este año viajó junto a sus alumnas, formando una pequeña delegación misionera que volvió a pisar el sambódromo por tercer año consecutivo. La coordinación con Brasil también es parte del proceso: “Todos los años llegamos para asistir a uno o dos ensayos previos al desfile para compartir con la scola de samba”.

También los trajes están pensados al detalle. “Nuestra ala es la de Las mariposas de la noche. La scola hizo el enredo (la historia) sobre la prostitución. ‘De las más antiguas de la vida, el dulce y amargo beso de la noche’. Así se llama en enredo que representó la scola”, explicó la bailarina.

Samba todo el año

Lejos de ser una experiencia aislada, el samba atraviesa su vida cotidiana en Posadas. Mariana dicta clases de nivel principiante e intermedio, donde trabaja técnica de samba no pé —el paso base de esta danza— y coreografías.

Para muchos, el carnaval es una noche de brillo y plumas. Para ella, es disciplina y cultura viva. Es puente entre Misiones y Río.

Y cuando la batucada empieza a sonar y el ala se ordena detrás suyo, Mariana ya no es sólo una bailarina misionera en Brasil. Es la figura que abre el paso, la que marca el ritmo y sostiene la energía de todo un grupo. La musa que, después de años de ensayo, finalmente camina al frente.  (El Territorio)

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